EL AFICIONADO SURREALISTA

 

 

Por: José Mateo “Claridades”

 

El toreo comenzó a contraerse a partir del año 2000 hasta virtualmente desaparecer: “Las exigencias de unos, el mercado globalizado por la soberbia de las más poderosas empresas taurinas y la ignorancia del gobierno, son los principales culpables de haber perdido los fundamentos de la tauromaquia”. Intervienen en este desastre: Los subcontratados en cuadrillas que rigen el toreo sin que nada les haga sombra. Los desdichados, los aficionados, cada vez padecemos más control, recibimos menos calidad precio. No importamos a nadie del sector y lo que es peor, parece que no nos enteramos de nada.

Foto Vaya mierda de Feria            El Estado interviene en el asunto taurino de manera solapada, juega al “no pero bueno”, sin comprometerse a su defensa. Más a favor de la moda animalera de los enemigos de la Fiesta y de España, sean de la nacionalidad con la que Dios les haya castigado a soportar su ignorancia e intolerancia.

Las empresas poderosas del ramo, organizan el 10 % de los festejos taurinos totales. Las plazas de 2ª, 3ª y 4ª hacen el resto. Aún contemplando esta diferencia, la maniobra, “al hilo del torero”, lo ajustan tres empresas con la administración. Sin duda mantienen un pacto keynesiano con los políticos y sindicaleros liberados inmersos, para complicar el trabajo de los empresarios modestos. ¡Que canallas!. Los aficionados, sin enterarse de nada.

¿Quiénes deberían avalar la sensatez para la perpetuación de los toros?.

            Por desgracia deberían ser los profesionales, matadores sin fuste, sin torería, sin arte, sin gracia, sin ambición, en definitiva, sin personalidad torera. Los pésimos picadores sobre un mulo alicatado desde el casco a los ojos, ciego y sordo cual muro represivo. Los banderilleros que no se molestan en aprender el arte de la lidia, ni la suerte de banderillas. Las comadres disfrazadas de mozo de espadas. Tampoco están los empresarios para estos quehaceres. Quedan los de siempre, los anónimos, las gentes del pueblo que con su sacrificio tragan carros y carretas. Los aficionados sin enterarse de nada.

            Hemos podido comprobar en las pasadas ferias del Santo y ¿el aniversario?, que la situación es malísima. Los matadores no pueden exigir, salvo una excepción. Los banderilleros cada vez más espesos, impotentes y aburridos. El tercio de varas, preferible no comentar. ¿La Fiesta no tiene futuro?.

            Sospecho que hasta los aficionados más comprensivos no lo saben. Estamos sumidos de lleno en el reino de la mediocridad. Está demostrado, en las treinta y tantas corridas que acabamos de sufrir, que solo, han sacado provecho las cuentas corrientes de los Choperitas y allegados. Los aficionados sin enterarse de nada.

     Los toreros modestos, han de dejarse el alma en sus carencias. Las figuras, a ejercer de maestros, sin el mínimo esfuerzo, competencia y decoro. Los hablantes y plumíferos, a echar culpas a los toros porque a estos, no se puede sacar el jugo que a los toreros. Claro que si alguien se cree que los fracasos se deben a las ganaderías, es capaz de creerse cualquier cosa.

            La fiesta del toro siempre ha estado en manos de las gentes del pueblo. Son los que pagan y deben exigir. El primer mandamiento taurino para cumplir con los espectadores es: Hacer las suertes con la pureza suficiente para crear la belleza del lance torero y matar a los toros con profesionalidad. Este es el objetivo de un espectáculo único, con toda la emoción y verdad en este juego honesto y sacrificado de valor y entrega.  Los aficionados sin enterarse de nada.

 

 

 

 

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