TOREROS CON HISTORIA

( SIGLOS XVIII Y XIX )

 

Por: Pedro Valle

Julio Aparici “Fabrilo”

 

 
Julio ApariciValenciano de Ruzafa, Julio Aparici “Fabrilo” nació el 1 de Noviembre de 1866.

Los comienzos del valenciano son casi idénticos a los de otros toreros: asistir a capeas y sufrir revolcones, así como alguna escapada furtiva a las fincas donde los toros dormían, con o sin luna.

Como novillero logra torear por primera vez en su tierra natal, el 3 de Octubre de 1885, distinguiéndose inmediatamente por su valentía y coraje torero. No tardó mucho en ser el novillero predilecto de sus paisanos.

 

Su presentación en Madrid la llevó a cabo el 27 de Febrero de 1887, teniendo por compañeros a “Guerrita y a “El Ecijano”; le toco despachar un toro de Veragua y otro de Antonio Hernández.

Estuvo muy bien en ambos utreros, sobre todo con la muleta. Se podría afirmar que cayó de pie en la afición madrileña. Repitió el 6 de Marzo, de ese mismo año, en unión de Rafael Guerra, esta vez con novillos de Buñuelos y Arroyo. Poco tiempo después actuó como banderillero con Frascuelo, concretamente los días 19 y 20 de Mayo en Barcelona y el 23 en Valencia. Continuó como novillero por diversas provincias españolas, despidiéndose como tal en Madrid el 5 de Febrero de 1888.

Pensó tomar la alternativa en Madrid el 23 de Septiembre de ese mismo año, pero la corrida se suspendió por la lluvia y al final la tomó en Valencia el 14 de Octubre, de manos de Antonio Carmona “El Gordito” quien le cedió el toro ”Panadero”, colorado, de la ganadería de González Nandín. La confirmó en Madrid, el 30 de Mayo de 1889 de manos de Frascuelo, quien le cedió el toro “Neblino”, de Miura, de testigo actuó Mazzantini. No tuvo esa tarde demasiada suerte, pero su carrera siguió adelante de una manera que podríamos llamar triunfal hasta que le llegó la muerte.

Esta le llegó el 30 de Mayo de 1897, a los 31 años de edad, como consecuencia de la peritonitis que se le declaró por la cornada que le infirió el toro “Lengüeto” de la ganadería de José Manuel de La Cámara, actuando mano a mano con Antonio Reverte. El fatal desenlace tuvo lugar al clavar un par de banderillas.

Fue un torero principalmente elegante, y con un derroche de valor y amor propio que no le cabía en el cuerpo. Quizás ese amor propio le llevó a la muerte.

En cualquier caso fue un coloso al que merece la pena recordar con el mayor de los respetos.

 

 

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